Femicidios: el eslabón final de una cadena de violencia

El criminólogo Eduardo Muñoz, coautor del libro "El género de la muerte", habló sobre los patrones y las señales que aparecen antes de un femicidio y lo que este representa como eslabón final de una cadena de violencia.

El femicidio de Carla Del Souc en Rivadavia conmocionó a la provincia, siendo el quinto en la provincia de Mendoza en este 2025. El criminólogo Eduardo Muñoz, coautor del libro "El género de la muerte", habló con Gabriel Conte, Ana Belén Martínez y Ariel Fernández Lavilla en "Tenés que saberlo", por Radio Post 92.1, y se refirió a las señales previas que muestran los femicidas y también el simbolismo detrás de cada acto de violencia previa al asesinato.

"Creo que hemos estado golpeados porque han ocurrido dos hechos muy graves prácticamente en simultáneo: primero, en el barrio San Martín, este hombre que quemó la vivienda de su expareja y fallecieron su expareja, su hijo y él unos días después; y ahora el caso de Carla Del Souc en Rivadavia. La forma de actuar del femicida es realmente compleja y no es solamente el acto violento de matar a una mujer, sino que es el eslabón final de una cadena de violencia que culmina en ese acto cruel, terrorífico, vandálico", señaló Muñoz.

Femicidio seguido de suicidio: ¿por qué ocurren y qué busca realmente el agresor? 

El criminólogo explicó que los comportamientos tienen que ver con la lógica de dominación: "En este caso de Rivadavia, el agresor una vez que comete el femicidio de Carla, intenta autolesionarse y provocarse la muerte en un suicidio. Ese suicidio no es un acto de cobardía, ni de valentía, ni de arrebato, sino que es la culminación de ese ciclo de violencia y dejar un mensaje claro: ‘yo soy tu dueño y si no estás conmigo, no vas a estar con nadie. Y yo voy a decidir si enfrento a la justicia, si tengo condena social o no, entonces decido autoeliminarme y acá se terminó todo'. Ese hecho marca también un componente de ese ciclo de violencia que, hasta en la muerte, intenta ejercer ese poder de dominación sobre la víctima".

Sobre la utilización del fuego, como ha sucedido en múltiples casos, el especialista explicó que va más allá de el hecho de querer ocultar pruebas o generar impunidad: "Tiene otros componentes que son no solamente provocar la muerte, el sufrimiento y el dolor, sino borrar todo aquello que representa la identidad de una persona, como son su vivienda, su hogar, sus pertenencias, sus recuerdos, su entorno familiar más cercano. Ese acto de terrorismo íntimo, de usar el fuego para aniquilar completamente a la víctima, es un componente de ese círculo de violencia que entiende que esa posesión de la mujer tiene que ser aniquilada. Terminó la relación y si no estás conmigo, te aniquilo y no existís: no existen tus recuerdos, no existen tu familia, no existen tus pertenencias, tus recuerdos más profundos desaparecen. Esa es la lógica con la que el femicida ataca y usa ese elemento que es el fuego tan destructivo".

Sobre otro elemento que se utiliza para cometer el crimen como es el cuchillo, Muñoz explicó que tiene una carga simbólica importante: "El cuchillo es un elemento de fácil acceso que cualquiera puede obtener, incluso en el uso doméstico, y tiene una simbología y una ritualización de la violencia donde cada puñalada tiene un mensaje simbólico y emocional: controlarte, castigarte o destruirte. Este crimen se construye en la cercanía con cada herida marcando una intención específica y esa intención específica puede ser herir, mutilar y destruir. Esos elementos y el hecho que se constituye o se ejecuta en una cercanía, también tiene una descarga emocional de ira, del odio y de la frustración. Es una forma de castigar, de descargar y generar ese vínculo con la víctima a través de un elemento que causa daño".

A su vez, el criminólogo sostuvo que como patrón general en los femicidas puede verse un marcado narcisismo y una carga emocional de mucha intensidad con sus parejas: "También esa dependencia emocional patológica respecto de la víctima: ‘yo no soy si no estás conmigo'. Esas son las características muy generales respecto del perfil de un femicida que tiene estos métodos, incluso estas señales de alerta se pueden identificar y no son rasgos que aparecen de la noche a la mañana o en abstracto, sino que es la culminación de manifestaciones que progresivamente pueden irse manifestando, como un control emocional de la víctima, un alejamiento respecto de sus afectos o de su familia. Son indicadores que van moldeando esa construcción, que el femicida termina culminando con el acto de la muerte de su pareja o expareja".

Además, señaló la importancia de trabajar también con el agresor cuando una mujer denuncia violencia para poder proteger a posibles futuras parejas, además de señalar que muchas veces la propia víctima ingresa en un "circulo de violencia" del que no puede salir: "‘Me trató mal, me hizo tal cosa o me empujó; pero va a cambiar, no fue tanto'. Incluso hasta lo justifican ‘fui yo que le hice tal cosa para que reaccionara de tal forma'. Y a veces esos indicadores no son leídos convenientemente por el entorno familiar, que tiene que aportar contención a la víctima, y pasan desapercibidos. Hay una escalada de la violencia que a veces termina en una tragedia. Es muy importante focalizar el tratamiento en el agresor, este flagelo no termina con la protección de la víctima, sino hay que generarle un tratamiento y medidas de protección al agresor, porque puede terminar la relación con su pareja o expareja y en este círculo de violencia iniciar una nueva relación con otra persona y generar el mismo patrón de comportamiento y tal vez no va a ser esta la víctima, va a ser otra".

Finalmente, Muñoz señaló que hay mucho que trabajar y señaló que desde la política se vienen generando retrocesos en la visibilización de este tema: "Hoy con políticas ‘antiwoke' o que entienden que las cuestiones de género han ido demasiado lejos y que debieran ser tratadas en otro contexto y en vez de mejorar lo que ya tenemos, volvemos al principio donde no teníamos estas herramientas o donde no se había visibilizado el problema. Es hora de sentarnos y de posicionarnos hacia dónde queremos ir: si copiar modelos o repetir discursos de otros líderes en otros contextos, o realmente enfrentar un problema que lo palpamos, genera víctimas y no solamente de la persona fallecida, sino de una familia, de un grupo de amigos, de un entorno laboral. Es un problema grave, complejo, que requiere soluciones urgentes y adecuadas a la magnitud del problema en el 2025".

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