Los locos de Rosas

La historiadora Luciana Sabina (@kalipolis) y una serie de bufones al servicio de Juan Manuel de Rosas.

Luciana Sabina

Como típico absolutista, Juan Manuel de Rosas contaba con un grupo de bufones conocidos como los "locos de Rosas". Entre ellos, destacaban cuatro que convivían con él en su estancia de Palermo, ubicada en lo que hoy es el Parque 3 de Febrero. Estos eran el gran mariscal Don Eusebio, el reverendo padre Biguá, el Loco Bautista y el Negrito Marcelino. El tirano disfrutaba observando cómo estos hombres ridiculizaban y humillaban a sus invitados, haciendo payasadas serviles o incluso torturándolos mentalmente.

Uno de los bufones más notorios era Biguá, un mulato siempre vestido como sacerdote, a quien Rosas llamaba "su paternidad". Fue enviado a la cárcel el mismo día en que se fusilaron a los hermanos Reinafé, solo para incomodar a los prisioneros. En una ocasión, tras recibir una bofetada, Biguá se alejó llorando, prometiendo contarle a su "padre" Juan Manuel. A menudo, este hombre era azotado por diversión o forzado a llenarse la boca antes de poder masticar. Finalmente, sucumbió a una de estas torturas. Había sido adquirido por Rosas en 1823.

Por su parte, Eusebio, un peón de la familia Ezcurra que pasó a manos de Rosas a través de su esposa, también formaba parte de este macabro séquito. De baja estatura y mulato, Eusebio solía vestir un uniforme militar de gala y llevaba numerosas medallas. Siempre estaba escoltado por una docena de hombres y, en ocasiones, se escapaba armado, lo que le valía severos castigos. Se le obligaba, entre otras torturas, a sentarse sobre un hormiguero o a ser inflado con un fuelle.

Sin embargo, Rosas no se limitaba solo a castigos físicos; también disfrutaba de formas más "amigables" de humillar a sus bufones. Así, le otorgó el título de "Conde de la Calavera y Majestad Caranchísima" a Vicente González, conocido como "Carancho", quien no dudó en agradecerle por carta tanto a Rosas como al rey de España, creyendo que el título era legítimo.

Charles Darwin, quien tuvo la oportunidad de conocer a estos hombres, también dejó una anécdota sobre ellos en sus escritos. En su relato, menciona a un bufón que trató de molestar al general Rosas en varias ocasiones para que pusiera música, y tras ser ignorado en un par de ocasiones, fue amarrado a los postes como castigo. Cuando Rosas se reía, no perdonaba.

Los "locos de Rosas" recorrían las calles de Buenos Aires pregonando odas oficialistas, y todos los habitantes estaban obligados a escucharlos. Uno de los más conocidos era Tartaz, quien supuestamente se volvió tartamudo tras una golpiza propinada por Antonio Beruti, quien no solo se encargaba de repartir cintas.

Los "locos de Rosas" no solo representaban una forma de entretenimiento grotesco para el tirano, sino que también ilustraban la naturaleza represiva y autoritaria del régimen de Juan Manuel de Rosas. A través de su humillación y maltrato, tanto físico como psicológico, Rosas ejercía su poder de una manera brutal, en la que el sufrimiento de estos personajes servía como medio para consolidar su control absoluto. Estos bufones, obligados a propagar la propaganda oficial y sometidos a torturas, reflejan el ambiente de miedo y sumisión que caracterizaba a la época, donde el poder de la figura del caudillo se imponía incluso en los aspectos más triviales de la vida cotidiana.

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