Imagen del poder: por qué los presidentes latinoamericanos cuentan con un apoyo por encima del 45%

De acuerdo, al último informe de Directorio Legislativo, los presidentes de América Latina en general tienen mayor aprobación de sus gestiones que los que gobernaron antes o durante la pandemia. El análisis de los motivos.

n nuevo informe de Directorio Legislativo, en 2023 América Latina eran muy escasos los presidentes que lograban sostener niveles de apoyo alto durante su gestión, asociado a tres factores: la fragmentación legislativa, la heterogeneidad de las alianzas partidarias y el umbral bajo de tolerancia ciudadana en contextos de crisis. Esto favorecía los procesos de rápida pérdida de capital político y estancamiento en niveles bajos. 

Sin embargo, el 2024 vino a desafiar algunos de estos supuestos. El informe señala que "a diferencia de los años previos, el dato más llamativo fue la estabilización del apoyo, fundamentalmente en el rango medio-alto: Boric y Petro, entre el 30 y el 37%; Milei, Peña, Lacalle Pou, Lula y Chaves entre el 40 y el 55%; la dupla AMLO / Sheinbaum, Bukele y Abinader, por arriba del 60%La excepción fue Daniel Noboa que, al inicio de su corta presidencia, enfrentaba los mismos problemas de gobernabilidad que su antecesor". 

 En otras palabras, el piso promedio de aprobación fue más alto en 2024 que en años anteriores y los presidentes que cayeron en los primeros meses de sus respectivos gobiernos no se desbarrancaron, aún en contextos complicados. "A principios de 2023, más de la mitad de los presidentes se ubicaban entre los 20 y los 30 puntos, y pocos mostraban capacidad para recuperar el favor popular. Hoy ese promedio está por arriba de los 45 puntos." explican desde DL.

 ¿Una fotografía de la pos-pandemia?

Tal vez sí. Para el momento en que se inició la pandemia la región ya venía de varios años de desaceleración económica. El efecto (casi) inmediato fue un desplome del apoyo a los presidentes y una oleada de elecciones que castigaron a los oficialismos de turno por las políticas restrictivas, la recesión y, posterior mente, por la inseguridad. 

Entre 2020 y 2024, hubo alternancia política en 12 de los 16 países monitoreados, sin contar a Nicaragua y Venezuela. Con excepción de Uruguay, aquellos gobiernos que lograron mantener altos niveles de popularidad a lo largo de la pandemia pavimentaron el camino para la reelección de sus espacios políticos. El caso más paradigmático es Morena en México. Por otro lado, la mayoría de los recién llegados usaron sellos partidarios que no tenían más de 10 años de existencia al momento de la elección. 

De acuerdo al Banco Mundial, para 2023 la región ya se había recuperado del choque pandémico, pero el ritmo de crecimiento se desaceleró, al igual que el de la economía global. En 2024 fue del 2.2% mientras que las proyecciones para 2025 y 2026 son 2.5% y 2.6%, respectivamente. "Pero no es la magnitud del cambio lo que queremos destacar acá, sino su percepción pública", aclara el informe. 

El último informe de Latinobarómetro, basado en cerca de 20 mil entrevistas cara a cara en 17 países de la región realizadas entre el 23 de agosto y el 9 de octubre de 2024, proporcionan tres datos clave para analizarlo. Primero, 2024 fue el año de mayor optimismo sobre el futuro de la economía personal y familiar, desde 1995. 

El 52% de las personas encuestadas respondió que su situación económica personal iba a ser mejor o un poco mejor en los 12 meses siguientes. Curiosamente, esta expectativa sobre el futuro convive con una mirada crítica y preocupada del presente económico del país, solo el 14% señaló que era buena o muy buena. 

Segundo, la encuesta confirma que el crecimiento de la aprobación presidencial (20 puntos en promedio) y su estabilización coincide con la curva de la recuperación pos-pandémica.

Tercero, también vuelve a mostrar una brecha entre la confianza en la figura presidencial (37%) y la confianza en otras instituciones de gobierno (Poder Judicial 28%, Congreso 24% y partidos políticos 17%), a lo que se suma una creciente percepción de que las elecciones no son limpias. Solo en cuatro países más de la mitad de la población cree que lo son. 

Esta crisis de confianza ha tenido un efecto dispersivo que no solo fue funcional al surgimiento de nuevas figuras en la política, también lo está siendo a su estabilidad en contextos hostiles. La pospandemia ha estado lejos de ser un período pacífico o previsible. 

No obstante, la recuperación gradual tras el impacto de la pandemia y el surgimiento de liderazgos marcada mente personalistas pueden haber alimentado el optimismo sobre el futuro y contribuido a la estabilidad en los niveles de apoyo. "Veremos qué nos dicen las próximas elecciones en Ecuador, Chile, Bolivia, Argentina y Honduras", concluyen. 

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