Femicidio seguido de suicidio: ¿por qué ocurren y qué busca realmente el agresor?

El criminólogo Eduardo Muñoz pone la lupa en la tragedia de Rivadavia, el femicidio de Carla del Souc.

Eduardo Muñoz
Criminólogo. Autor del libro "El Género de la Muerte". Divulgador en medios. Análisis criminológico aplicado a temas sociales de actualidad y seguridad. linkedin.com/in/eduardo-muñoz-seguridad IG: @educriminologo

El reciente asesinato de Carla Del Souc en Rivadavia, Mendoza, vuelve a poner en evidencia uno de los fenómenos más estremecedores y silenciados de la violencia de género: el femicidio seguido de suicidio.

El 23 de marzo de 2025, Carla, una joven maestra jardinera de 27 años, fue asesinada por su expareja, quien la atacó brutalmente en un mercadito de su barrio y luego se quitó la vida. Este caso enciende una vez más la alarma sobre una problemática urgente.

¿Qué esconde un femicidio-suicidio? La lógica oculta tras la tragedia

La Criminología de Genero sostiene que este tipo de crímenes no son producto de un "arrebato" ni de un "acto de desesperación". Son, en realidad, la última manifestación de control y dominación por parte del agresor.

El femicidio seguido de suicidio es un acto premeditado que busca ejercer el control absoluto sobre la vida y la muerte de la víctima. No se trata solo de "matar por amor" o "por celos", sino de un desenlace donde el agresor asume que, si la mujer no será suya, no será de nadie más.

Cómo fue el femicidio seguido de suicidio en Rivadavia

Tras consumar el crimen, el suicidio se convierte en un acto final de poder: evitar enfrentar a la justicia, eludir la condena social y legal, y perpetuar la impunidad.

¿Qué busca el agresor?

El agresor busca conservar el control más allá de la vida. La violencia de género tiene raíces profundas en las dinámicas de poder y en la cultura patriarcal que valida la idea de posesión sobre la pareja. Cuando el agresor percibe que pierde esa "posesión" -como en casos de separación o pérdida del vínculo afectivo- puede interpretar esta pérdida como una amenaza intolerable a su identidad y control.

El suicidio posterior suele interpretarse como la culminación de esa misma lógica de dominio. Al quitarse la vida, el agresor se asegura de no ser expuesto públicamente, de no ser castigado ni estigmatizado, pero, sobre todo, deja un legado trágico y destructivo para la familia de la víctima.

¿Por qué incluso abandonan a sus propios hijos?

Muchos de estos agresores dejan a hijos pequeños huérfanos y desamparados. Esto sucede porque, en el esquema mental del fenecida, los hijos también forman parte del "territorio" de poder que se pierde junto con la pareja.

Algunos de estos hombres no consideran el bienestar de sus hijos, sino que actúan desde un narcisismo extremo donde su dolor y su necesidad de control prevalecen sobre cualquier otra consideración.

Desde la criminología del género, entendemos que el suicidio no es un acto de cobardía ni de arrepentimiento. Es la consumación de un ciclo violento, la última herramienta para evitar ser juzgado y para infligir daño emocional a todos los que sobreviven, incluidos los propios hijos.

La impunidad es doble: la justicia no podrá condenar al agresor y la familia no encontrará respuestas.

Señales de alerta

Para evitar que estos hechos lleguen a su desenlace más trágico, es fundamental reconocer las señales a tiempo. La violencia no siempre se presenta de manera física desde el inicio; muchas veces, comienza con dinámicas sutiles de control emocional.

Estas son algunas de las señales más comunes en agresores que luego pueden cometer femicidio seguido de suicidio:

· Obsesión persistente con la pareja o expareja.

· Tendencias suicidas o amenazas de autolesión previas.

· Dificultad extrema para aceptar la pérdida de control o la separación.

· Aislamiento progresivo de la víctima, alejándola de familiares y amigos.

La prevención comienza con la educación: enseñar a detectar estas dinámicas de poder, hablar abiertamente sobre ellas y fortalecer redes de apoyo son pasos clave. Además, es indispensable contar con una justicia que actúe con verdadera perspectiva de género para frenar estos ciclos antes de que sea tarde.

Reflexión final

Como sostengo en mi libro El Género de la Muerte: "El verdadero crimen no es solo el acto violento, sino el sistema que permite que el cuerpo y la vida de una mujer sean considerados un territorio de dominio".

Visibilizar estas historias y analizarlas desde una perspectiva crítica es un paso necesario para transformar nuestra sociedad. Hay esperanza cuando, como comunidad, nos comprometemos a romper el silencio, acompañar a las víctimas y a educar en la igualdad.


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