José Piracés: cómo es trabajar con satélites y estar a la vanguardia de la tecnología
El mendocino José Piracés es un ingeniero mecánico que trabaja en Colorado, Estados Unidos, con un grupo que diseña, coordina y fabrica satélites con tecnología de punta. Secretos, desafíos y curiosidades de este mundo.
La tecnología avanza a pasos agigantados y uno de los rubros en donde se ve reflejado día a día es en la fabricación de satélites, los cuales cada vez son más sofisticados y avanzados para cumplir tareas específicas en el espacio. El mendocino José Piracés es ingeniero mecánico y trabaja en Estados Unidos en el diseño, coordinación y fabricación de satélites y, en diálogo con Gabriel Conte, Evangelina Argüello y Ariel Fernández Lavilla en "Tenés que saberlo", por Radio Post 92.1, contó algunos de los secretos de trabajar en una industria que se encuentra a la vanguardia de la tecnología.
"Lo que estoy haciendo acá es básicamente colaborar con una empresa que se instaló hace unos años en Estados Unidos. Diseñamos componentes que se usan para satélites de última generación, específicamente en la comunicación entre satélites", comentó Piracés.
Trazando un recorrido sobre su historia, el mendocino comentó que trabajo hace 10 años en los proyectos Arsat 1 y 2 y comentó que este es un satélite convencional de comunicaciones: "Es geoestacionario, que tiene tecnología de comunicación por radio, que es lo convencional. Esto que estamos desarrollando hoy en Skyloom ahora es una generación nueva en donde las comunicaciones son ópticas. Eso permite que las comunicaciones sean con un ancho de banda mucho más alto. Para decirlo en criollo, mucho más rápido. Permite eso, una transferencia de datos mucho más grande".
Sobre el satélite argentino, comentó que la limitación de Arsat al usar ondas de radio es quu la transmisión de información tiene un límite: "Hace 15 o 20 años con los equipos que llevan los satélites normalmente, quizá era suficiente; pero la tecnología que hoy demandan los satélites actuales, que son imágenes de la Tierra en muy alta resolución y en vivo, demanda una transferencia de datos mucho más grande que la que había hace 15 años. Entonces ha evolucionado la transferencia de las comunicaciones hacia ese lado".
El ingeniero comentó que el lanzamiento de satélites ha evolucionado mucho y que hoy los satélites pueden ser mucho más chicos que antes: "Hoy satélites más chicos pueden desarrollar la misma funcionalidad que satélites más grandes. Arsat es un satélite que en lanzamiento pesaba 3 toneladas y los satélites que hoy se están enviando al espacio, que tienen estas características, pueden pesar 200 kilos o menos, entonces eso permite lanzar muchos satélites a la vez. Los satélites de SpaceX, los Starlink que brindan internet hoy en casi todo el mundo, son lanzados en conjuntos de a 60 en un solo lanzamiento y luego son desplegados. Arsat cuando fue lanzado en 2014 eran dos satélites en un solo lanzamiento. La tecnología hoy permite que los lanzamientos sean mucho más accesibles, mucho menos costosos y eso está haciendo que haya una proliferación de la cantidad de satélites que hay en órbita en este momento: solo el proyecto de SpaceX espera tener 45.000 satélites en órbita y hay varios proyectos en paralelo que van de la mano de esos números".
El especialista comentó que hay diferentes tipos de satélites que cumplen diferentes funciones, señalando que los de comunicaciones afectan en todo el mundo: "Una tecnología paralela a los satélites para comunicaciones es la red de fibras ópticas submarinas: hay redes de fibra óptica en todo el mundo que son muy largas. Hay una que va desde Los Ángeles hasta Chile, conectando directamente y eso permite comunicaciones directas entre Sudamérica y Norteamérica, pero también tener satélites permite conexiones en donde actualmente no hay despliegue de fibras, que son obras monumentales y muy costosas. Al día de hoy permite tener acceso a comunicaciones en lugares donde no hay estaciones transmisoras o no hay repetidoras muy cercanas, en lugares muy remotos".
En esa línea, marcó que eso es lo que realiza Starlink: "Hoy en Starlink, la tecnología permite llevar una antena a cualquier lado prácticamente del mundo entre los polos y la antena es capaz de recibir esa señal y proveer internet de alta velocidad. Lo que va a permitir esta conectividad en un tiempo es poder tener comunicaciones estando en movimiento, por ejemplo en aviones, en barcos, en lugares remotos donde actualmente no hay comunicaciones, no hay conectividad".
Sobre las funciones que cumplen otros satélites, Piracés señaló que además de aquellos que tienen una finalidad comercial, también existen otros que sirven a cuestiones científicas para estudio de suelos o terrenos: "Una misión argentina anterior a los satélites Arsat, que fue el satélite SAC-D, llevaba un instrumento de la NASA, el Aquarius, que su funcionalidad era escanear la salinidad del océano y con eso poder retroalimentar modelos meteorológicos para predecir los movimientos de las mareas. También hay aplicaciones de defensa, en donde la finalidad es hacer un monitoreo en tiempo real de cualquier amenaza que se pueda producir en cualquier lado del mundo: por ejemplo, hay un misil en vuelo y la red de satélites que está en constante observación es capaz de detectar ese objeto que está en vuelo y proveer una comunicación rápida hacia la central para informar que hay un misil que está volando y poder determinar la trayectoria que tiene".
En referencia a la regulación de esto, Piracés señaló que hay distintas alturas y órbitas y que el caso de los geoestacionarios, que están a 36.000 kilómetros de la tierra, hay una agencia que los regula: "Es una órbita muy específica en donde el satélite vuela a una velocidad tal que pareciera que estuviera estacionado sobre un punto de la Tierra. Por eso se llama geoestacionario. Pero eso se da solo a una distancia específica: cualquier satélite que vuele más bajo o más alto que eso va a tener una velocidad relativa respecto a la Tierra. Los satélites de Starlink vuelan a una altura entre 500 y 600 kilómetros, si no me equivoco, en donde un satélite sí se mueve relativo a la Tierra, pero la idea es tener una red que al estar tan cerca permite comunicaciones con mucha menor latencia, pero está desplazándose respecto a un punto de la Tierra, tiene que enganchar con el que viene atrás para poder hacer una conexión continua y poder descargar la información".
El especialista explicó que enviar Arsat al espacio fue precisamente para no perder esa posición orbital asignada y que no está seguro quién regula las órbitas más bajas, pero que su duración de vida es más corta: "En el caso de las órbitas bajas, no estoy muy seguro quién es el que regula eso. Sin embargo, los satélites de órbita baja tienen una vida mucho más corta en tiempo de misión. Los satélites de Starlink duran no más de cinco años, son diseñados y la misión es planeada para no más de cinco años, por lo cual tienen un recambio constante. Al estar en órbita baja tienen algo de influencia de la atmósfera, van perdiendo altura y terminan cayendo. Generalmente cuando caen, por la ionización que produce el ingreso a la atmósfera, se terminan quemando y se deshacen. No hay una tecnología para remover satélites, aunque hay muchos proyectos que están en desarrollo de eso, porque prevén que en el futuro va a ser un problema".
Acerca de su carrera, Piracés comentó que se combinó la profesión, la pasión y también las oportunidades que se dieron: "Comencé trabajando apenas terminé. Estudié ingeniería mecánica en Bariloche, en el Instituto Balseiro y ahí cerca está Invap, donde comencé trabajando en proyectos satelitales. Después de unos años emigré a Chile para trabajar en la astronomía. Ahí empecé trabajando en apoyo a la parte científica en el grupo de ingeniería, desarrollando instrumentos para astronomía. Estuve cuatro años ahí, tuve mucho contacto con la óptica y me especialicé en temas de óptica y optomecánica. Ingeniería mecánica es una carrera bastante tradicional, hay otras carreras que han ido surgiendo en conjunto con la tecnología, con las nuevas demandas. Ingeniería mecánica era la carrera que más desarrollaba tecnología en el siglo XIX, en el siglo XX fueron la electrónica y el desarrollo de software, y lo que se prevé es que en el siglo XXI va a ser óptica. Hoy no hay ingeniería óptica como carrera, no está demasiado popularizada y hay muy pocos lugares en el mundo donde se puede estudiar óptica, generalmente ese rubro lo cubre física".
En esa línea, comentó que no hay en Argentina carrera vinculada a la ingeniería óptica pero sí hay pequeños grupos que se dedican al desarrollo: "Hay muchas aplicaciones de óptica que están llevando tecnologías a otro nivel, como por ejemplo la computación cuántica, que tiene mucha tecnología de transmisión de datos. Yo me especialicé en óptica para instrumentación astronómica y después de unos años de trabajar ahí en el observatorio, me puse en contacto con la gente con la cual había trabajado en Invap, estaban desarrollando este proyecto acá en EEUU, me invitaron a formar parte y en unos años me hice cargo del departamento de óptica de la empresa. Estamos haciendo el desarrollo de la plataforma óptica del producto que estamos haciendo, que es una terminal de comunicación óptica".
Finalmente, comentó que la tecnología óptica es bastante nueva y que es muy emocionante trabajar en la vanguardia de esto: "Es muy lindo poder estar trabajando en tecnologías que se están desarrollando en este momento y encontrarse con problemas en los que no hay un libro ni una receta. Es un trabajo muy en grupo, no es de uno solo nunca. Pero está muy bueno saber que uno puede contribuir en cosas que están formando parte de la historia en este momento, por más que uno no va a ver el nombre de una sola persona en esto, pero es contribuir un poco a una tecnología que este es el momento en el que se está desarrollando. Quizá en el futuro van a haber mejores tecnologías, pero la de este momento quizás es esta", concluyó.